El Alcázar de Toledo

En la colina más alta de la ciudad de Toledo, domina el horizonte una solitaria mole rectangular de la que seguro, al menos, has oído hablar; el Alcázar. Es uno de los pocos edificios exentos de la ciudad y su privilegiada situación hizo de él un lugar de gran valor estratégico militar en el que se han sucedido acontecimientos históricos que narran parte de la historia de España. ¿Lo conoces?

Su nombre se debe a uno de los pueblos que se asentaron en él: los árabes, que lo llamaron Al Qasar que significa «fortaleza», nombre acortado del que era habitual Al-Quasaba cuyo significado era «el lugar de la verdadera residencia principesca». Su historia es larga e interesante, siendo un edificio emblemático descrito desde la antigüedad. ¿Quieres saber más?

La historia

El Alcázar domina, imponente, una de las colinas más altas del llamado “casco antiguo” de la ciudad de Toledo. Ya desde el siglo III se tiene constancia de existir en esta área un importante palacio romano, donde, tras la reconquista de la ciudad, establecieron el pretorio, sede del magistrado o pretor. A partir de esta época y dada la excelente posición de este espacio, su función principal fue defensiva, albergando una serie de edificios de carácter meramente militar.

Reconquistado Toledo por Alfonso VI, recupera el espacio constituido como Alfizén musulmán dotándole de nuevas funciones y dependencias palaciegas y cortesanas que se incorporarían a las meramente defensivas y de carácter bélico para, poco a poco y ya con los Reyes católicos, convertirse más en un palacio para la monarquía que en un emplazamiento militar. Aun así, nunca perdería su importancia estratégica, y durante la Guerra de las Comunidades, el Alcázar vuelve a ser objeto de disputa, siendo controlado en primer lugar por las fuerzas de Carlos I y posteriormente por los comuneros.

Fue Carlos I, dotado de gran gusto para la arquitectura, el que bajo su mandato propuso un nuevo impulso para el degradado edificio y encargó la dirección de las obras de modificación a los arquitectos Alonso de Covarrubias, Francisco de Villalpando y posteriormente, ya con Felipe II como rey, a Juan de Herrera, quienes diseñaron un edificio compacto y cerrado, organizado en torno a un patio rectangular con doble nivel de arcos sostenidos por columnas de aire muy clásico de capiteles corintios y compuestos y que sin duda alguna, debía ser una maravilla, ¿no crees?.

Los incendios y la Guerra Civil

Cuando el emperador decide en 1561 trasladar la corte a Madrid, el Alcázar pierde su función palaciega y comienza una etapa de abandono y decadencia. Pasa durante esta etapa por ser cárcel, cuartel de caballería, residencia para la madre y para la viuda de Carlos II y no volverá a su función militar hasta la guerra de Sucesión en el siglo XVIII. A consecuencia de esta función militar, sufrió su primer incendio por las fuerzas austriacas en 1710 aunque desgraciadamente, no sería el único.

Llevada la restauración a cabo por Ventura Rodriguez y después de la invasión de España por parte de las tropas de Napoleón, en 1810 el Alcázar de Toledo sufre su segundo incendio quedando en pie únicamente la estructura principal del edificio. Años más tarde, en 1887, sufrió el Alcázar el tercer incendio que comenzó en la biblioteca y se extendió rápidamente por todo el edificio destruyéndolo casi por completo.

Tras la Guerra Civil de 1936-39 el Alcázar fue utilizado por el entonces coronel sublevado José Moscardó como punto defensivo y de resistencia de la Guardia Civil y destruido casi totalmente por las tropas de la II República y los milicianos durante el famoso asedio que duró 70 días; del 22 de julio al 27 de septiembre de 1936, en el que 1.300 sublevados resistieron en el interior de la fortaleza durante más de dos meses el ataque de un ejército gubernamental que llegó a contar con hasta 5.000 soldados.

Héroes para unos, villanos para otros, lo cierto es que este grupo de soldados consiguió resistir, contra todo pronóstico, el bombardeo constante de los cañones y aviones republicanos. La reconstrucción del Alcázar comenzaría en 1940, coronada en 1961 con la inauguración del monumento a los defensores del Alcázar durante la Guerra Civil, realizado por Juan de Ávalos.

Leyendas

Como en la mayoría de los casos, cuando nos encontramos con un monumento de esta envergadura y antigüedad suele venir acompañado de leyendas que complementan su no poco extensa historia natural.

Una de ellas es la leyenda de Santa Casilda, hija de un gobernante toledano y musulmán, de la que se cuenta que cada noche, cuando todo dormía en el castillo, se levantaba del lecho y escuchaba los lamentos y gemidos que subían hasta ella desde el foso. Desde niña había demostrado una gran sensibilidad hacia las desgracias ajenas y moviéndose por el Alcázar había descubierto la dureza de la prisión y la trágica suerte de los cautivos, en su mayoría cristianos capturados en las duras luchas fronterizas del reino moro. En sus visitas a las mazmorras de la fortaleza, no dudaba en curar las heridas de los prisioneros, llevarles alimento y consolarles, mientras hablaba con ellos y se le despertaba cierta curiosidad por aquella religión a la que dichos hombres no renunciaban pese a sus penalidades.

Pronto llegó a oídos de su padre aquella actitud y un día en el que Casilda se acercaba a los sótanos del alcázar ocultando alimentos, su padre le salió al paso y le preguntó qué hacía allí y qué escondía. Ella contestó que sólo eran flores y al abrir el delantal dónde guardaba el alimento, apareció un gran ramo de rosas en su regazo. La cosa quedó ahí, pero a Casilda se le despertó aún más la curiosidad por el cristianismo y se planteó su conversión.

Cuando pensaba en llevarla a cabo, enfermó tanto que lo médicos auguraban su muerte. Fue en ese momento cundo al gobernante se le recomendó que su hija fuese a bañarse a las aguas del lago de S. Vicente, en tierras cristianas. Lógicamente, no era del agrado del rey enviar a Casilda a tierras cristianas, pero le dio su permiso y ella pudo realizar esos baños que poco a poco con el tiempo surtieron efecto y la curaron. Se dice que Casilda no volvió a Toledo jamás y pasó el resto de su vida dedicada a la oración.

Por otro lado, el hecho de ser el Alcázar un monumento con carga histórico-bélica ha dado lugar a numerosas investigaciones paranormales en busca de explicaciones para las supuestas apariciones, ruidos y voces extrañas que dice la leyenda hay en el edificio. Varias psicofonías e incluso algunas imágenes extrañas conseguidas por algunos grupos de investigadores han alimentado esta leyenda que dice que las torturas sufridas por varios presos parecen haber quedado impregnadas en las paredes de este edificio y a la que aún muchos buscan explicación científica.

En la actualidad aloja la “Biblioteca de Castilla-La Mancha” y el “Museo del Ejército” que abrió su puertas en el verano de 2010. Por supuesto para todos nosotros sigue siendo un monumento representativo de la ciudad que guarda en sus paredes miles de historias. ¿Lo has visitado?

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