Las leyendas de San Ginés

En muchas ocasiones, paseando por las calles de cada ciudad vemos edificios que en mayor o menor medida nos llaman la atención, pero de los que no conocemos la historia. Obviamente, no todo lo que nos sorprende tiene por qué tener oculta una leyenda negra, pero a veces ocurre.

Es el caso de la Iglesia de San Ginés de Arlés, situada en la C/ Arenal, 13 de Madrid. Si conoces la ciudad o simplemente te gusta saber la historia que encierra cada pared, éste es un buen artículo para ti. ¿Sigues leyendo?

Los orígenes

La iglesia de San Ginés de Arlés, en sus origines debió de ser una ermita o mezquita de la que aparecen referencias documentales ya en el siglo IX. De esa construcción primitiva de estilo mudéjar situada en el arenal, una especie de arroyo donde desembocaban todos los riachuelos y arenas que se iban deslizando calles abajo, sólo permanece el campanario (1642).

Este templo católico con planta de cruz latina, con tres naves y capillas, sufrió tres incendios (en 1724, 1756 y 1824), seguidos de sus respectivas restauraciones. El actual aspecto neoclásico de su decoración interior, por ejemplo, se debe a la segunda de las reformas hechas en el siglo XVIII.

En 1869, el Ayuntamiento de la capital, por medio del arquitecto José María Aguilar, decidió transformar el lado norte, que daba a la Calle del Arenal, incluyendo como características de la fachada sus arcos carpaneles y el estilo neo-plateresco.

Finalmente, de 1956 a 1964 se hizo el último gran conjunto de obras en el edificio, planificadas por el arquitecto José Luis Marín, que buscaba dar nuevamente al templo la apariencia que tuvo en el siglo XVII, típica del Madrid de los Austrias.

Muchas historias en el pasado tiene la iglesia de San Ginés, derrumbamientos, incendios, saqueos, reformas, se podrían escribir libros como para llenar una estantería, así que, por el momento y para no saturar el blog escribiremos sólo un par de historias de leyenda.

El espectro de la iglesia

Cuenta la leyenda que en 1353, cuando Pedro I era Rey, unos ladrones entraron al templo para saquear sus cálices y joyas, sin percatarse de que en su interior se encontraba rezando un anciano.

La mala suerte de aquel, fue que los saqueadores antes de huir decidieron acabar con su vida de una manera como poco cruel, cercenándole la cabeza.

El suceso en sí, la muerte del anciano que únicamente rezaba en el interior de la iglesia, causó consternación y terror entre los habitantes de la ciudad, pero no quedó ahí la cosa. Días después del asesinato, se cuenta que al atardecer, una sombra humana, decapitada, se dejó ver en las puertas del templo. La aparición se repitió sucesivamente y sin descanso hasta que terminó por revelar la identidad de sus asesinos, que como no podía ser de otra manera, acabaron muertos y arrojados a un barranco.

Se entiende que ya con la muerte de sus asesinos el anciano se quedó tranquilo y dejó de aparecerse a las puertas de la iglesia de San Ginés, pero… ¿quién sabe?

El cocodrilo

La historia del «cocodrilo de San Ginés» se remonta a la época de los Reyes Católicos. En 1499, su aposentador Alonso de Montalbán, emprendió un viaje a las recién descubiertas Indias para asegurar allí los dominios españoles.

Según cuentan las crónicas, Montalbán volvía de su aventura junto con otros caballeros cuando un cocodrilo de grandes dimensiones les empezó a perseguir. Atemorizados ante un ser desconocido, tomaron tierra en Portobello confiados en haberle «dado esquinazo».

Sin embargo, el caimán apareció de nuevo. Los españoles, ante tal horrible destino: clavaron las rodillas en tierra y se pusieron a rezar a la Virgen rogando que les salvara. Fue entonces cuando una rama se precipitó sobre el caimán y acabó así con su vida.

Las historias dicen que fue la Virgen de Los Remedios, quien se apareció sobre el árbol y con su peso rompió la rama para que cayese sobre el cocodrilo. Otras cuentan que dentro de la rama apareció una talla de la Virgen que después Montalbán llevó consigo en el barco para que les protegiese ante posibles ataques en su regreso a España.

A su llegada a Castilla, Montalbán decidió construir una capilla dedicada a su salvadora en la iglesia de San Ginés y a sus pies colocó el cocodrilo disecado a modo de exvoto. Gracias a ello, los madrileños la empezaron a conocer como «La Capilla del Lagarto».

Desde ese año, 1522, el lagarto permaneció a los pies de la Virgen hasta que un día, desapareció. Algunas hipótesis dicen que el antiguo párroco, cansado de los curiosos que visitaban la iglesia, decidió retirar el caimán. Otras dicen que el animal disecado se encuentra bajo el altar y algunas que el cura acabó tirándolo a la basura. A día de hoy, el paradero del animal sigue siendo desconocido, aun así, la iglesia de San Ginés sigue atrayendo a cientos de fieles, y suponemos que no todos lo harán esperando la vuelta del caimán.

Con todo esto, y por supuesto por la arquitectura y las obras de arte que guarda en su interior, es un lugar muy recomendable para visitar en el centro de la capital. ¿Te animas?

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