El Royal Pavilion de Brighton: China y la India sin salir de Inglaterra

Por lo general, hoy en día tenemos nuestro hogar en edificios con un alto grado de simplicidad. La sistematización de los procesos constructivos, la rapidez con la que se ha querido realizar un sinfín de edificaciones y la asociación de lo cómodo con lo sencillo, han favorecido que la estética común de nuestras viviendas permanezca sin grandes cambios desde hace muchos años.

Obviamente, el hecho de tener un hogar sencillo o dentro de los estándares estéticos establecidos por la sociedad actual no significa en ningún caso que sea una mala vivienda o que en ella no se puedan desarrollar satisfactoriamente las actividades y relaciones de nuestro día a día. Pero… ¿No te has imaginado alguna vez viviendo en un palacio? Seguro que en algún momento se te ha pasado por la cabeza al igual que le pasó al Príncipe de Gales, George IV hace un par de siglos, dando lugar a lo que hoy conocemos como el Royal Pavilion de Brighton.

¿Cómo pasó?

A mediados de la década de 1780, George IV, Príncipe de Gales, alquiló una pequeña casa de huéspedes con vistas a un paseo de moda de Brighton, un pueblecito de pescadores que pensaba convertirse en lugar de retiro junto al mar para aquellos afortunados que gozaban de fama y/o riqueza. Eligió el lugar aconsejado por sus médicos, quienes pensaban que el agua del mar sería beneficiosa para tratar su problema de gota.

Poco tiempo tardo Brighton en gustarle al entonces príncipe, quién con su fama de vanidoso y apasionado de la moda, las artes, la arquitectura y la buena vida acabó dándose a la bebida, las mujeres y el juego. Llegado ya 1787 George IV contrató al arquitecto Henry Holland para transformar la casa en una modesta villa que se conoció como el Marine Pavilion y la amuebló y decoró personalmente escogiendo objetos y muebles importados de China. Según pasaban los años, el príncipe consideraba nuevas ampliaciones a la villa llegando en 1808 a completar las nuevas caballerizas con una impresionante cubierta de vidrio y capacidad para 62 caballos. Casi nada! Sin embargo, el Marine Pavilion debía no ser suficiente para el príncipe …

El palacio de George

Entrado 1811 George IV fue nombrado Príncipe Regente porque su padre había sido considerado incapaz de actuar como monarca y cuatro años después encargó a John Nash la transformación de la modesta villa (lo de modesta es relativo, claro está) en el magnífico palacio oriental que conocemos hoy.

La propuesta de Nash seguía el estilo oriental empleado en la construcción de las caballerizas aunque también se inspiró en las formas arquitectónicas indias. Las obras que se alargaron durante siete años, comenzaron haciendo alteraciones de la fachada central occidental, seguidas de la construcción de la Gran Cocina y los dos nuevos salones: el Salón de Música y el Salón de Banquetes.

Los trabajos en todo el edificio, estructura y decoración interior terminaron en 1823 ofreciendo un exterior romántico gracias a la compleja composición de las cúpulas, torres y minaretes. Además, El Royal Pavillion reunía los adelantos de su época. Se diseñó para incorporar las últimas tecnologías y equipamiento para atender las demandas de calefacción y confort. Se equipó la cocina con multitud de novedades, se instaló luz de gas y los baños tenían instalación completa de fontanería, con agua corriente e inodoros. Una maravilla para la época.

El salón de Música y el salón de Banquetes

La música era una de las grandes pasiones de George IV, por ello el príncipe tuvo especial cuidado en la decoración del salón de Música. Las telas rojas y doradas sujetas por dragones pintados en los muros, la iluminación que ofrecían nueve candelabros en forma de flor de loto, las cortinas de seda azul satinada en las ventanas, el techo en forma de cúpula forrado de escamas de yeso… toda esta delicadeza para envolver a la orquesta de cámara del rey que entretenía a los invitados con óperas italianas o de Haendel. Desde luego, ir a cenar al Royal Pavilion debía ser todo un acontecimiento, ¿no crees?

Junto al salón de Música, destaca el de Banquetes que buscaba un estilo más teatral. Su diseño incluye una cúpula poco profunda, molduras y lienzos con escenas domésticas chinas, un espectacular candelabro de 9 metros de altura que cuelga de las garras de un dragón plateado en el cénit de la cúpula y bajo éste otros seis dragones menores que respiran luz a través de pantallas de cristal de vidrio de loto.

El destino del Royal Pavilion

Tras la muerte de George IV, el Royal Pavilion pasó a manos del rey Guillermo IV quien continuó alojándose en él durante sus visitas a Brighton y tras la muerte de éste fue la reina Victoria la que ejerció sobre el palacio.

Sin embargo, el estilo del pabellón y la asociación a su extravagante tío, hacían que Victoria estuviese incómoda por lo que finalmente decidió ponerlo en venta. Fue en ese momento cuando la ciudad de Brighton se hizo cargo y lo abrió al público.

Hasta llegar a nuestros días, el Royal Pavilion no sólo ha sido un lugar de visita obligada. Por ejemplo, durante la Primera Guerra Mundial se convirtió en hospital de guerra para miles de soldados indios, después acogió sesiones de fotos de la revista Vogue en los años 50 y en la actualidad se celebran bodas y cenas en sus excéntricos y lujosos salones. El que permanezca abierto nos da la oportunidad de disfrutar de los trazos indios de la fachada y de su interior asiático, así que… ¿para cuándo vas a planear un viaje a Inglaterra?

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